Por:
Jaime Bejarano, country manager Región Andina, de Red
Hat.
Los casos recientes de fallas en
prestación de servicios de entidades financieras, de salud, comercio y de
varios sectores, por caídas del sistema, denegación de servicios en la red,
ciberataques o actualizaciones a las plataformas, evidencian un problema mayor:
las empresas no tienen el control de sus activos digitales, dependen de un solo
proveedor y no cuentan con reales planes de contingencia para la continuidad
del negocio.
Ante este panorama, surge una discusión sobre dónde se almacenan los datos, quién decide qué ocurre con ellos, cuál es verdadero control que tienen las empresas sobre sus sistemas de información.
Si bien Ecuador ha avanzado en la construcción de un marco normativo y estratégico para el entorno digital —con iniciativas como la Agenda Digital Ecuador 2022-2025 y la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales, vigente desde 2021—, aún persisten desafíos en la implementación práctica, especialmente en lo relacionado con la gestión, almacenamiento y transferencia de datos en entornos híbridos y multinube. A esto se suma la necesidad de fortalecer capacidades institucionales y empresariales para garantizar el cumplimiento, la ciberseguridad y la soberanía sobre la información. En este contexto, si bien existen lineamientos claros hacia la transformación digital, todavía hay brechas en la definición de estándares operativos que permitan a las organizaciones ejercer un control efectivo sobre sus activos digitales.
Y es que en plena aceleración en la adopción de la inteligencia artificial (IA), tener presente el concepto de soberanía digital es tener un enfoque claro de hacia dónde se dirige la agenda tecnológica de las empresas y gobiernos en América Latina.
Las normas no deben limitar la
innovación, sino guiarla y ser un punto de partida, para darle una solidez a
cada iniciativa de IA que involucra datos reales, pues en la actualidad no solo
enfrenta desafíos técnicos, sino también riesgos regulatorios, y en la mayoría
de las ocasiones las empresas se embarcan en proyectos piloto de IA o modelos,
pero no avanzan porque no hay datos abiertos ni control de la infraestructura.
De hecho, Gartner predice que, hasta 2026, las
organizaciones abandonarán el 60 % de los proyectos de IA que no cuenten con
datos preparados para la IA.
Muchas organizaciones pueden
desarrollar modelos de IA en cuestión de semanas, pero no siempre pueden
utilizarlos con datos reales sin exponerse a riesgos de cumplimiento o
seguridad. En este escenario, la lógica tradicional —mover los datos hacia
donde está la capacidad de procesamiento— comienza a invertirse.
La propuesta de Red Hat apunta
a llevar la capacidad de cómputo hacia donde residen los datos. Este enfoque
reduce la exposición y permite mantener el control sobre la información
crítica, un factor cada vez más determinante en sectores regulados.
Como resultado, empieza a
consolidarse un modelo híbrido en la región; empresas que combinan nube pública
con infraestructura propia para evitar depender completamente de un solo
proveedor. Nadie quiere quedar amarrado ni soltar sus datos cuando empiezan a
ser sensibles.
El riesgo silencioso: la
dependencia tecnológica
Más allá del cumplimiento
normativo, la soberanía digital también responde a una preocupación creciente:
la dependencia tecnológica. A medida que las organizaciones entrenan modelos,
integran datos y construyen procesos sobre plataformas específicas, cambiar de
proveedor se vuelve complejo, costoso y, en muchos casos, inviable.
El riesgo no es solo incumplir
una norma, sino quedar atrapado. Esta dependencia no solo limita la
flexibilidad operativa, sino que también puede comprometer la capacidad de
adaptación en un entorno donde la IA evoluciona a gran velocidad.
Aquí es donde el código
abierto cobra relevancia estratégica. A diferencia de los modelos propietarios,
el open source permite mayor transparencia, adaptabilidad y
portabilidad.
Este enfoque facilita que las
organizaciones puedan migrar entre entornos o proveedores sin reconstruir sus
sistemas desde cero, una ventaja crítica en un contexto tecnológico en
constante cambio.
Soberanía digital: más que
datos
Para Red Hat, la soberanía
digital no se limita al control de la información, sino de tener una capacidad
integral que abarca tres dimensiones clave: datos, operación y propiedad
intelectual, incluida la IA.
En la práctica, esto implica
poder gobernar, auditar y mover cargas de trabajo entre distintos entornos sin
perder cumplimiento normativo ni visibilidad operativa. También supone
garantizar la integridad y seguridad de los sistemas, así como la resiliencia
frente a incidentes.
Este enfoque se articula en
cuatro pilares: soberanía de datos, técnica, operativa y de garantía. En
conjunto, permiten a las organizaciones no solo cumplir con regulaciones, sino
también definir su estrategia digital con mayor independencia.
Tendencia
global con impacto local
El impulso
hacia la soberanía digital no es exclusivo de América Latina. A nivel global,
gobiernos y empresas están reforzando sus capacidades tecnológicas para reducir
la dependencia de plataformas externas.
De acuerdo con Gartner, para 2027 el 35 % de los
países estarán sujetos a plataformas de IA regionales que utilizan datos
contextuales propios, frente a apenas el 5 % actual. Este crecimiento refleja
una apuesta por modelos más alineados con las leyes, la cultura y las necesidades
locales.
“Los países con objetivos de
soberanía digital están incrementando la inversión en plataformas de IA
nacionales, buscando alternativas al modelo estadounidense cerrado”, señala
Gaurav Gupta, vicepresidente analista de la firma.
Este movimiento incluye desde
infraestructura y centros de datos hasta el desarrollo de modelos propios, lo
que configura un nuevo escenario competitivo en el ámbito tecnológico.
El futuro: autonomía sin
aislamiento
A medida que la soberanía
digital evoluciona, su foco se desplaza desde la simple localización de datos
hacia la autonomía operativa y el control de la propiedad intelectual. La
capacidad de ejecutar cargas donde se necesiten, automatizar el cumplimiento y
operar con resiliencia —incluso en el edge— será clave en esta transición.
El desafío, sin embargo,
radica en encontrar el equilibrio. La soberanía no implica desconectarse del
ecosistema global, sino participar en él bajo condiciones más equitativas y
controladas.
En ese contexto, modelos como
la nube híbrida y el código abierto emergen como habilitadores de una
estrategia que combina flexibilidad y cumplimiento, pero ante todo control
(soberanía) sobre todo su ecosistema, y así disminuyen esas fallas que se está presentando
y que denotan falta de planeación de las empresas por no saber cómo actuar en
casos como ciberataques, migración de sistemas o simplemente fallas de
conectividad, sin contar con planes de contingencia que le den continuidad al
negocio.
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